El sol triste, ese que alumbra pero no calienta,
se alza en el cielo azul, sin nubes,
de la ciudad que toca el cielo.
Geografía imposible
de casas construidas arañando los cerros.
Caos de gente, bullicio y autos,
rumor de huelga, marcha y petardo.
La Paz, es invierno y te extraño.
Añoro ver el blanco manto
de tu guardián milenario.
Illimani cautivador,
¿cuál de las leyendas que te explican
será la que en verdad te dio vida?
El sol triste, ese que alumbra pero no calienta,
baña las calles que caminé por años.
Amigos las recorren, acompañados de rostros extraños.
La Paz, es invierno y te extraño.
Te veo de lejos y ¡has cambiado tanto!.
Tal vez porque yo también he cambiado.
Dejé en ti mis amores, mi pasado,
los sueños que no fueron,
los amigos que siento como hermanos.
El sol triste de tus inviernos me ha llegado,
ese que alumbra pero no calienta.
Hoy, La Paz querida, inicia el invierno y yo te extraño.
La próxima vez que te vea,
me haré tinta y me derramaré en tu piel.
Ingresaré por tus poros,
recorreré tus caminos internos,
esbozaré dibujos eternos,
en cada rincón de tu pecho.
La próxima vez que te vea,
me derramaré hecha tinta en tu piel.
Me mezclaré con tu sangre,
para teñirte de mí por completo.
No quedará en tí un sendero
que no vaya a recorrer.
La próxima vez que te vea,
teñiré entero de mis colores tu ser.
Esparciré en cada una de tus células
mi alma hecha pigmento.
Que quede impregnado tu cuerpo
del color y perfume de mi ser.
La próxima vez que te vea, la próxima...
si es que existe una próxima vez.