lunes, 25 de abril de 2016

Redención

Redención


Deambulaba perdida en mis emociones encontradas.
con el hambre de respuestas arañandome las entrañas,
abrazando mi cuerpo desnudo de certezas,
pero con el rostro limpio de bochornos.


Esa falta de rubor me consternaba.

Traje a la memoria las viejas lecciones de la vida,
la mía propia y las de los demás,
esas que te repiten inscasablemente:
"no sigas, no es el camino, esta mal".


Segura de su certeza y su verdad las preferí ignorar.

Caí una y otra vez, no por tropiezo,
ahora duele decir que fue por voluntad,
una, dos, tantas pero tantas veces
que ese salto al vacío me llegó a gustar.


Lo admito, fuí un solo de debilidad.

Más cuándo ya parecía que era rutina,
su Palabra me llegó: "No te condeno.
Vete en paz y no peques más",
y supe lo que sintió Lázaro
cuando lo llamó desde su tumba.


Renací, me sentí vibrar.
Las lágrimas acudieron a mis ojos,
llore sinceramente con pesar.
Ahora puedo dejar todo de lado.
Ahora puedo recomenzar.

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